26/9/16

José María Arguedas. El Sexto


José María Arguedas.
El Sexto.
Prólogo de Fernando Iwasaki.
Edición de Elena Buterini y Gastón Segura.
Drácena. Madrid, 2016.


Entre 1937 y 1938 José María Arguedas estuvo preso ocho meses como consecuencia de las protestas estudiantiles en apoyo de la II República española y contra la visita de un representante de la Italia fascista a la universidad peruana.

De esa experiencia carcelaria en El Sexto, el penal limeño del que tomaría título más de veinte años después, surgiría en 1961 su cuarta novela, que acaba de recuperar Drácena con edición de Elena Buterini y Gastón Segura.

“Comencé a redactar esta novela en 1957; decidí escribirla en 1939”, escribe Arguedas en el pórtico de esta novela que publicó entre Los ríos profundos y Todas las sangres, quizá su mejor novela. 

Y justamente esa distancia de veinte años entre la experiencia carcelaria y su reconstrucción novelística le permite a Arguedas distanciarse y abrir el objetivo de manera que el valor autobiográfico, incluso el propósito testimonial o la voluntad de denuncia no ocupan el primer plano de su significado. Hay, sí, una potente base autobiográfica y hay análisis políticos, pero además recorre toda la obra una reflexión sobre la condición humana.

Porque El Sexto tiene en su condición de novela corta una intensidad que permite una lectura simultánea en tres niveles cuyo centro es el recinto carcelario, un microcosmos conflictivo que representa metafóricamente la situación de Perú durante la dictadura del general Benavides, como señala Fernando Iwasaki en el prólogo –“Poder y ternura en el Sexto”- que ha escrito para esta plausible recuperación de la novela de Arguedas.

Narrada en primera persona por Gabriel, alter ego de Argueda, El Sexto refleja desde la perspectiva de un estudiante idealista sin militancia la conflictiva relación entre apristas y comunistas, presos políticos de partidos prohibidos en el Perú de la época. 

Con un enfoque más emocional que ideológico, más inclinado a lo ancestral que a lo político, y a través de la relación y las conversaciones con su compañero de celda el minero indio Cámac, se aborda no sólo ese conflicto entre los opositores a la dictadura, sino una interpretación del hombre y de la sociedad, desde un reducido espacio interior que es reflejo de la realidad exterior.

Y al hilo de ese enfrentamiento, emergen otras relaciones conflictivas: entre lo indígena y lo criollo, entre la cultura quechua y la castellana, entre lo interior y lo exterior, entre  los presos comunes y los presos políticos, entre la brutalidad animal y el sentimiento, con la prosa consistente de un narrador eficaz y con unos diálogos creíbles y vivos, como los personajes que pueblan esta novela.

Santos Domínguez

23/9/16

Bonnefoy. La larga cadena del ancla. La hora presente



Yves Bonnefoy. 
La larga cadena del ancla.
La hora presente.
Edición bilingüe.
Traducción y prólogo de Enrique Moreno Castillo.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2016.


¿Qué son esos peñascos, esa arena? Son Ítaca.
Sabes que están allí la abeja y el olivo,
y la esposa leal y el viejo perro,
pero mira, el agua brilla negra bajo tu proa.

¡No, no mires más esta ribera! 
Sólo es tu pobre reino. Tú no vas 
a tender la mano a ese hombre que eres,
tú, que no tienes ya tristeza ni esperanza.

Pasa, defrauda. ¡Que huya por tu izquierda! 
Mira que para ti se ahonda ese otro mar, 
la memoria que asedia al que quiere morir.

¡Sigue! Mantén el rumbo hacia la otra 
ribera baja, allá. Donde, en la espuma, 
juega aún el niño que tú fuiste aquí.

Ese texto, Ulises pasa ante Ítaca, es uno de los Casi diecinueve sonetos –casi diecinueve y casi sonetos- que forman parte de La larga cadena del ancla, el libro de poesía de Ives Bonnefoy que publica en edición bilingüe, junto con La hora presente, Galaxia Gutenberg con traducción y prólogo de Enrique Moreno Castillo.

Sobrevuelan ese poema dos de los temas vertebrales de la poesía de Bonnefoy: el mar y la noción de límite, a los que aludía así en El territorio interior:

Es verdad que el mar favorece mi ensoñación, porque asegura la distancia, y significa, para los sentidos, la plenitud vacante; pero ocurre de una forma no específica, y veo que los grandes desiertos, o la trama, desierta también, de las rutas de un continente, pueden ocupar la misma función, que es la de permitirnos errar, aplazando por mucho tiempo la mirada que a todo abraza, y renuncia. /.../ Pero es así como olvidamos los límites, que son la potencia, sin embargo, de nuestro ser en el mundo.

Bonnefoy es un poeta fundamental de la poesía europea del último medio siglo, cuya obra la recorre una mirada integradora, al paisaje y al interior de sí mismo, en busca de la armonía y de un territorio verbal luminoso que se convierte en eje y meta de su escritura.

Publicados en 2008 y 2011, La larga cadena del ancla y La hora presente son, en palabras de Enrique Moreno Castillo en su prólogo, “frutos de una fecunda ancianidad” y “constituyen el tramo final de una aventura poética que se halla entre las más importantes de nuestra época.”

En La larga cadena del ancla se unen en un conjunto amplio y armónico la meditación existencial y la materia biográfica, las referencias culturales del arte y la literatura, los viajes y la música o los mitos para expresar la relación del poeta y el hombre con el mundo.

En cuanto a La hora presente, más breve y más urgente, más directa y más intensa, refleja la experiencia diaria del poeta y la funde con los recuerdos que iluminan la realidad bajo una luz desconocida. A ese libro pertenece este espléndido poema, Desciende del caballo:

Desciende del caballo y le ofrece la copa 
del adiós. Y le pregunta a ella adónde va 
y por qué debe hacerlo. Leo este poema ajeno, 
lo reescribo, lo transformo. “Amigo mío, 

la dicha ajena me ha sonreído en esta tierra. 
¿Adónde voy? Busco en estas montañas 
el silencio, la paz del corazón. Esta es mi patria, 
nunca más vagaré lejos de ella. 

¿Va tranquilo mi corazón hacia su hora? 
Pero mira, esta tierra que amamos ha vuelto a florecer, 
es primavera, está otra vez como nueva,

alrededor las cimas vuelven a ser azules. 
¿Voy a decirte adiós? ¡No, que por siempre, 
por siempre susurre el agua, reflorezca la hierba!”

La poesía se convierte así, como en toda la obra madura de Bonnefoy, en revelación y refundación del mundo por medio del lenguaje. Así lo resume en el texto que cierra el volumen: Y palabras, todo eso, palabras, pues en verdad, compañeros, ¿qué otra cosa poseemos? Palabras que se encorvan bajo nuestra pluma, como insectos aniquilados en masa, palabras con grandes espinas que nos despellejan, palabras que arden bruscamente, y tenemos que aplastar ese fuego con nuestras manos desnudas, no es fácil.

La de Bonnefoy es poesía en busca de sentido, de ordenación del mundo en el encuentro con el otro y consigo mismo, poesía como territorio de encrucijada y de incertidumbre, poesía atravesada por una interrogación persistente sobre el tiempo y la memoria, a través de la mirada y la palabra y desde la afirmación de la vida y la conciencia de finitud que recorre la obra de Bonnefoy.

Y a esas claves responden también estos dos libros, que en más de un sentido representan la cima, el punto de llegada de un escritor que mantiene en ellos la esperanza en la lengua y la poesía como elementos de transformación de la realidad, porque la poesía –como ha dicho alguna vez- hace que pasemos del espíritu de posesión, impulsor de equívocos y guerra, al deseo de participación simple y directa en el mundo.

Santos Domínguez

21/9/16

Los últimos días de Adelaida García Morales


Elvira Navarro.
Los últimos días 
de Adelaida García Morales.
Literatura Random House. Barcelona, 2016.

“Adelaida arrastraba una leyenda de mujer muy rara, complicada, misteriosa, secreta, hipertímida, delicadísima, melancólica, depresiva, autodestructiva, escurridiza y un montón de cosas más, y había muchas zonas oscuras en su biografía.”

Con ese torrente de adjetivos explicaba Luis Alegre en un podcast –“La necrológica de Adelaida García Morales”- la personalidad opaca de la autora de El Sur o El laberinto de las sirenas, a los pocos días de su muerte.

Ese texto se reproduce en el epílogo de Los últimos días de Adelaida García Morales, el libro de Elvira Navarro que publica Literatura Random House cuando se cumplen dos años de su desaparición.

En ese podcast se cuenta por primera vez la anécdota de la que surge este libro: Adelaida García Morales va a solicitar a una delegación municipal una ayuda de 50 euros para poder ir en autobús a Madrid a visitar a su hijo y para quedarse una noche en una pensión.

Justamente con esa visita comienza la novela: 

Una mujer se presenta en el despacho de la concejala. Es un cuarto desabrido, con tres ceniceros sobre una repisa de obra y varias estanterías atiborradas de cartapacios y libros cuyo tema es el propio municipio, hoy convertido en una ciudad dormitorio. Hay desde publicaciones del cronista local hasta un volumen de leyendas comarcales, pasando por un poemario infantil de una maestra jubilada que cuenta cómo los Reyes Magos llegan al pueblo para alegrar el árbol de Navidad de los hogares humildes.
La mujer que tiene ahora delante parece una pobre. No va sucia, pero algo en ella luce largamente descuidado, como la fachada de un edificio cuya pintura se deja caer. Se adivina que los moradores de esa finca aún tratan de convertir su interior en un hogar, aunque también puede colegirse, por el temblor de las luces que vierten las ventanas, que alguno se mete en la cama sin calefacción y sin cena.
A la concejala, en su mesa sobria y pintada muchas veces del mismo color marrón (las capas de pintura desprendida trazan discretas gargantas en cuyos pliegues va acumulándose el polvo), le abruman las pilas de papeles colocadas a su izquierda y derecha. Se lleva una mano a la frente antes de dirigirse a esa señora de aspecto descompuesto.
—¿Qué desea?
—Soy Adelaida García Morales.

Las cosas no fueron exactamente así, aunque el fondo del asunto no varió mucho. Convertida casi en uno de esos personajes aislados y misteriosos que habitan sus novelas, aquella mujer descuidada y obesa, irreconocible si se la compara con las delicadas formas de su juventud, moriría unos días después, el 22 de septiembre de 2014, en Dos Hermanas, sin poder haber hecho ese viaje para el que solicitaba aquella ayuda.

En torno a su figura misteriosa y desquiciada se organizan Los últimos días de Adelaida García Morales, una obra de ficción eficaz y verosímil, no una crónica biográfica, que Elvira Navarro articula narrativamente en torno a dos ejes: la concejala que la recibe en su despacho y la realizadora de un documental que convoca a tres personajes -tres testigos no cercanos,  sino periféricos- que la conocieron: la madre de un compañero de colegio de su hijo, el psiquiatra que la atendió en su centro de salud y una amiga de la infancia.

Santos Domínguez

19/9/16

Antonio Cabrera. El desapercibido


Antonio Cabrera.
El desapercibido.
Pepitas de calabaza. Logroño, 2016.

"El contemplador aspira, de entrada, a constatar que sigue dándose el contraste primario entre el interior de su mente y el mundo. Quien mira es movido por la esperanza de un afuera. Sin la certeza o la suposición de que la vista se dirige más allá de uno mismo y alcanza realidad, el hecho de sostener voluntariamente la mirada no se habría convertido en uno de nuestros rasgos esenciales. Ahí está el mundo y aquí yo. Si mirar implicara de inicio un mirar dentro ¿cómo podríamos soportarnos?", escribe Antonio Cabrera en Antes del horizonte, uno de los textos en prosa que forman parte de El desapercibido, el libro con el que obtuvo el XXII Premio Literario Café Bretón & Bodegas Olarra. 

Lo publica Pepitas de Calabaza y es una nueva muestra, al margen de las prescripciones genéricas, de esa peculiar mirada reflexiva sobre la que Antonio Cabrera ha construido su obra poética.

Literatura del fragmento emparentada con los presocráticos en su mirada a los cuatro elementos, microensayos o poemas en prosa, greguerías de verano o microcuentos, prosas breves unidas por una constante: la reflexión a partir de la observación, el espacio de escritura donde se conjuntan el paisaje exterior y el interior, lo que es y lo que somos a través de la mirada desde fuera de un yo ensimismado en diálogo con el mundo.

Una voz y un territorio familiares para quienes conozcan la poesía de Antonio Cabrera, que como en el resto de su obra reúne en sus textos lo de dentro y lo de fuera, el yo y lo otro en un viaje de ida y vuelta cuya meta final es comprenderse mejor a sí mismo, el conocimiento de lo propio en lo ajeno, la expresión del sentimiento personal de lo vivido y lo contemplado.

Desde esa vocación reflexiva y observadora que tiene toda su obra, Antonio Cabrera convoca una serie de temas unidos por hilos temáticos como el tiempo, la memoria y la mirada a una naturaleza animada: la muerte que rumia como una vaca en el cementerio de Peliceira, la pálida luz que irradia un níscalo o la desorientación de una libélula, la elegía del sílex mate como metáfora del futuro o el olor de la noche, la sutileza cromática de un pájaro o la fronda invisible de los bosques, el pregón de muertos a través de la megafonía urbana, la torpe inteligencia de los mirlos o la memoria parada en una fotografía de la infancia o en un trastero de azotea.

Con la actitud consciente de quien está “solo pero sin dejar de oír las voces de este mundo”, Antonio Cabrera reivindica el tacto como el sentido que mejor entra en contacto con el mundo, evoca la fuerza simbólica de un episodio trivial con Keith Richards o se reencuentra con palabras imprevistas almacenadas desde la infancia, hace el elogio del color granate de los objetos de plástico o defiende la dignidad moral del cascarrabias, revive la milagrosa presencia de una oropéndola de colores inimaginables o los ladridos de todos los perros matinales a su paso intruso y  el olor de la primera claridad del día.
  

Porque “gracias al mundo nos salvamos” desde una sensibilidad como la de Antonio Cabrera, "volcada a la luz y a las cosas en la luz.”

Santos Domínguez

16/9/16

Stefan George. Poesía completa


Stefan George.
Poesía completa.
Traducción e introducción
de José Luis Reina Palazón.
Linteo Poesía. Orense, 2016.



Triste aprendí la renuncia que canta: / nada es, si la palabra se quebranta.

Con esos versos se cierra La palabra, uno de los poemas más emblemáticos de Stefan George, en la traducción que José Luis Reina Palazón acaba de publicar en la monumental edición bilingüe que ha preparado para Linteo de la Poesía completa del autor que introdujo la poesía alemana en la modernidad.

Heredero de Novalis y Hölderlin, Stefan George (1868-1933) representa en la poesía alemana lo que significó Baudelaire para la poesía francesa, lo que Rubén Darío para la poesía en español: un cambio general que afecta a todos los niveles del texto poético, desde los temas al estilo, desde el tono hasta la mirada.

Muy influido por el simbolismo francés, por Mallarmé y Poe, interiorizó los postulados del arte por el arte y asumió la crisis finisecular como una crisis de la capacidad del lenguaje como instrumento de representación de la realidad.

Pero evoluciona desde ese simbolismo esteticista a la defensa de la poesía como experiencia religiosa, a una concepción sagrada de la poesía como búsqueda y como iluminación de la realidad, a una actitud visionaria en la que el poeta tiene una consideración sacerdotal, casi mesiánica: como el iniciado en la exploración de lo inefable.

La impresión y la subjetividad, la sugerencia y la intuición, el ritmo y la sonoridad son algunas de las claves de una poesía que ocupa el ámbito de lo sagrado y lo profético, una poesía intermediaria de la divinidad en un proceso de fusión con la naturaleza y de expresión de lo misterioso.

Santos Domínguez

14/9/16

Román Gubern. Historia del cine



 

Román Gubern.
Historia del cine.
Compactos Anagrama. Barcelona, 2016.

En una espléndida edición de bolsillo, Compactos Anagrama publica la última versión revisada y actualizada de la imprescindible y monumental Historia del cine de Román Gubern, una obra de referencia desde su primera edición en 1969 en dos tomos.

A lo largo de sus muchas reediciones se han ido añadiendo nuevos capítulos y sucesivas revisiones que culminan con la “Última sesión”, de 2014, cuando el canon es que no hay canon y el consumo de películas se está desplazando en el mundo occidental de lo público a lo privado, de las salas de proyección a los domicilios, primero con el vídeo y hoy con internet.

Con cuatro cuadernillos de ilustraciones, la Historia del cine es una obra de consulta rápida con dos índices -uno onomástico, otro de películas- que permiten una búsqueda directa de títulos, directores o actores; un manual universitario y un relato próximo de la evolución del séptimo arte desde el punto de vista estético, técnico y temático.

Una evolución vertiginosa, porque, a diferencia de otras artes, surge en un momento que le permite asumir el bagaje cultural previo y aprovechar los avances de la técnica, la literatura, la música, la pintura o la fotografía.

Una evolución tan vertiginosa responde a la aceleración histórica que se ha producido en el último siglo, a la necesidad de reflejar el contexto social, político, ideológico, artístico o cultural de cada momento y cada país. Por eso el cine es un fenómeno complejo que requiere enfoques múltiples para analizar no sólo su dimensión estética, sino la repercusión social de su contenido ideológico, su influencia en los gustos y la mentalidad, su poder propagandístico al servicio del poder o de las revoluciones.

Y con esa perspectiva integral, Gubern abordó las transformaciones de un arte cambiante desde el cine mudo al cine en la época de internet, pasando por la importancia de corrientes como el neorrealismo italiano, la nouvelle vague francesa, el cine americano o el español.

Una obra monumental en una edición asequible puesta al día con la perspectiva actual, cuando el cine es  “un mosaico de propuestas cuyo canon es la diversidad, o la pluralidad de miradas y la heterogeneidad de sensibilidades, lo que no excluye contaminaciones e hibridaciones transculturales, a veces de modo subterráneo. En un contexto en el que los conceptos de canon y de «cine nacional» han tendido a diluirse por el efecto centrífugo de la globalización, los juicios estéticos están sometidos a caución.”



Santos Domínguez

12/9/16

Motivos visuales del cine




 Jordi Balló y Alain Bergala (eds.)
Motivos visuales del cine.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2016.

Si en su imprescindible La semilla inmortal Jordi Balló abordaba junto a Xavier Pérez la presencia de una serie de argumentos que el cine ha tomado de la tradición literaria, en este volumen ha coordinado con Alain Bergala un espléndido conjunto de artículos en los que más de sesenta especialistas exploran los motivos visuales que el cine ha tomado de la pintura, porque, como explican los editores en su presentación, “el cine siempre ha privilegiado motivos visuales afines a su lenguaje y sus aparatos concretos: la ventana, la nuca, la escalera, el espejo, el duelo, la sombra, el cuerpo que cae, la cicatriz, la destruccion del decorado, el laberinto y muchos otros incluidos en este libro.”

Un conjunto de estudios que recorren la mitología de la imagen y el significado simbólico y narrativo de metáforas visuales que el espectador sabe leer e interpretar con toda su carga connotativa: una mujer asomada a una ventana o mirándose en un espejo,  las escaleras o el horizonte, un columpio o un callejón, una cama o un abismo, una ejecución o un despertar, una montaña o una persecución, una tempestad o un reloj, una sombra o un laberinto, una cicatriz o un árbol.

Motivos visuales que articulan un pensamiento expresado en imágenes y representado por una serie de referentes que proceden de la tradición pictórica o literaria. Esos motivos han ido configurando el imaginario icónico que el espectador asocia a cada película, porque apelan a su memoria visual.

Atendiendo a la doble dimensión del cine como arte visual y como instrumento narrativo, los distintos capítulos del libro analizan, con abundantes ilustraciones, esos motivos que se repiten a lo largo de la historia del cine y que muchas veces, con sus diversos enfoques y sus cambios de perspectivas, son las señas de identidad de los directores más relevantes.

Santos Domínguez

9/9/16

Antonio Cabrera. Corteza de abedul


Antonio Cabrera.
Corteza de abedul.
Tusquets. Barcelona, 2016.

Seis años después de su Piedras al agua, Antonio Cabrera vuelve con Corteza de abedul, que acaba de publicar Tusquets, al territorio poético en el que ha desarrollado toda su escritura: el de la poesía contemplativa que completa un viaje de lo concreto a lo abstracto y establece un diálogo equilibrado y sereno entre lo sensitivo y lo conceptual, entre la emoción y la meditación.

Un diálogo con la realidad y consigo mismo, con el yo o el tú autorreflexivo, con la naturaleza o los objetos para ir, como pedía el maestro Mairena, de la anécdota a la categoría.

Esa equilibrada serenidad de la mirada que caracteriza a la poesía de Antonio Cabrera se proyecta no sólo en el espacio, sino también en el tiempo: el instante, el recuerdo del pasado y la conciencia del tiempo son también objeto de esa mirada reflexiva que se convierte así en ámbito de encuentro de lo exterior con lo interior, del presente y el pasado, del mundo y la conciencia.

Y de esa manera, la luz que proyecta sobre los objetos o sobre el paisaje la meditación resume la actitud de un autor que concibe la poesía como búsqueda y como forma de conocimiento desde la contención expresiva, la conciencia de lo fugaz y la reivindicación del instante, que son algunas de las señas de identidad de la poesía de Antonio Cabrera.

El tono sereno y la expresión depurada son los instrumentos del poeta para ver y pensar el mundo, desde la contenida intensidad de la palabra, la conciencia de la naturaleza y el tiempo, la reflexión ante los objetos, las piedras o los pájaros.

Una palmera solitaria (“Contémplala, respira”), el viento de levante, un canto rodado en el Alto Tajo, la duna de Bolonia o un manantial, un granado en flor vigilado por Perséfone o los lirios amarillos que duran antes del declive, un plato de albaricoques, una mantis religiosa o la corteza de abedul del título provocan el interés de quien está ante ellos “no atendido: atendiendo”, antes de la desintegración de la conciencia y de la disolución de la identidad para fundirse con ellos:

El rumor de los pinos se desleía en torno.
Mi mano no era nada. Yo fui nadie.

A esa forma de fusión, de huida de sí mismo, era a lo que aspiraban los místicos, un precedente en esa síntesis de contemplación y reflexión que resume la actitud poética y vital de Antonio Cabrera, que cierra la obra, significativamente, con un Autorretrato que termina así:

Soledad, ahora sí,
ya puedes ser el fondo informe y fiel
de mi retrato.


Santos Domínguez

7/9/16

Octavio Paz. De una palabra a la otra




Octavio Paz.
De una palabra a la otra:
Los pasos contados.
Prólogo de Aurelio Major.
Pintura de Frederic Amat.
Vaso Roto. Madrid, 2016.

Como “una biografía intelectual vista en el espejo de su vida poética” define Aurelio Major en su prólogo al volumen De una palabra a la otra: Los pasos contados, que acaba de publicar Vaso Roto en una espléndida edición ilustrada con la pintura de Frederic Amat.

Una reunión de dos artículos -Los pasos contados y La crítica como higiene social- que aparecieron en las revistas barcelonesas Camp de l’Arpa en abril de 1980 y Destino en noviembre de 1975 y que no habían sido recogidas en libro hasta ahora.

El primero de esos dos artículos surgió como texto introductorio de una lectura pública de su poesía y constituye una reflexión de Octavio Paz sobre su obra y sobre las influencias que la han orientado, desde la poesía precolombina a la tradición poética inglesa de Blake, Worsdworth, Yeats o Eliot; desde los clásicos españolas y Sor Juana Inés de la Cruz a la poesía china de Wang Wei o Tu Fu; desde la tradición latinoamericana de Huidobro o Vallejo a  Valéry o el surrealismo pasando por Juan Ramón o el 27 de Cernuda y Guillén.

Es el resultado, como señala el prologuista de su interés “por enfatizar expresamente -como señala el prologuista- en un texto unitario las lecturas que acompasaron sus poemas”, el relato del itinerario poético cambiante de un autor en el que hablan varias voces sucesivas en diálogo con el mundo o consigo mismo.

La descripción, en definitiva, de un itinerario que constituye, en palabras de Paz, “una suerte de biografía emocional, sentimental y espiritual” y que se completa con una coda -La crítica como higiene social- en la que Octavio Paz define la crítica como la única actividad que “puede crear el espacio -físico, social, moral- donde se despliega el arte, la literatura y la política.”



Santos Domínguez

5/9/16

Don Quijote en el arte y pensamiento de Occidente


John Jay Allen y Patricia S. Finch.
Don Quijote en el arte
y pensamiento de Occidente.
Cátedra. Madrid, 2015.

Reflejar “la influencia de la obra maestra de Cervantes en la cultura occidental /.../ como una muestra de la atracción duradera del Quijote para un vasto público internacional " es el propósito que destacan John Jay Allen y Patricia S. Finch en la Introducción para el centenario de la segunda parte de 1615 con la que han actualizado el espléndido volumen Don Quijote en el arte y pensamiento de Occidente que publica Cátedra.

Una antología ilustrada de citas y de imágenes en la que se funden arte y pensamiento, las portadas de ediciones históricas de la obra en Lisboa, Londres o Amsterdam en los siglos XVII y XVIII con la pintura de Dalí, Goya, Picasso o Delacroix y reflexiones, comentarios e iluminaciones de escritores, críticos o filósofos, de Wordsworth a Voltaire y de Hegel a Schopenhauer; de Flaubert a Onetti pasando por Borges, Machado o Nabokov.

Un viaje del texto al icono a través de un muestrario verbal y artístico que refleja la atención que ha suscitado Don Quijote, el personaje más citado y más retratado de la historia de la literatura.

Santos Domínguez