24/5/17

Feria del libro. Narrativa


Jorge Luis Borges.
Borges esencial.
Edición conmemorativa de la RAE y la ASALE.
Alfaguara. Madrid, 2017.

Por una de esas felices paradojas a las que Borges fue tan aficionado, la edición conmemorativa de su obra que publican la Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española abre la selección de sus textos fundamentales con el Epílogo que cerraba con una irónica (auto)biografía apócrifa la edición de sus Obras Completas en 1974. Se leía allí:

“El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos. Indagaremos las razones de ese renombre que hoy nos resulta misterioso."

Esa entrada, “de la Enciclopedia sudamericana, que se publicará en Santiago de Chile el año 2074”, es el pórtico que da entrada a Borges esencialuna antología de la obra de Borges, “el gran autor clásico contemporáneo de nuestra lengua” cuyo nombre  se suma a las ediciones conmemorativas del Quijote, Cien años de soledad o la poesía de Neruda,

Entre varios estudios introductorios y cuatro aproximaciones finales a su obra, este Borges esencial, que edita Alfaguara en edición coordinada por José Luis Moure, recoge dos libros completos: Ficciones y El Aleph, centrales en su obra narrativa, además de una amplia muestra de su obra ensayística y una más breve selección de su obra poética. 

En muchos de esos cuentos, híbridos de ficción y ensayo, el eje es la búsqueda del centro, el laberinto es la metáfora polivalente del mundo o del infinito, y la memoria, el tiempo y el espacio, el sueño y la razón, la vida y la escritura, el caos y la pesadilla, el espejismo y la realidad no son sino variantes de un enigma indescifrable. 

Un enigma al que se suman lo trivial y lo trágico, la mística y la erudición, la invención fantástica y la trama policial, la venganza y el insomnio o los libros imaginarios convocados por Borges en una prosa que reúne la exactitud y la elocuencia, la sugerencia y el rigor.

Como Quevedo, como Shakespeare, como Proust, Borges es una literatura dentro de otra literatura, un universo habitado por sombras y presencias decisivas. O, para decirlo con sus propias imágenes, un aleph, un centro en el que confluyen el pasado y el futuro, los vivos y los muertos, la realidad y la ficción, los espejos y el sueño, la vida y la literatura, los laberintos y las bibliotecas, el puñal y la filosofía, el tiempo y la escritura como un jardín de senderos que se bifurcan. 

"Mi destino es la lengua castellana", decía en uno de sus poemas. Un destino feliz para la lengua y la literatura en español el de esta poesía mayor en la que conviven el pensamiento y la revelación, los espejos y los tigres, los laberintos y las pesadillas, las mitologías escandinavas y la lluvia vespertina en el arrabal de Palermo. 

El mundo, en suma, en una de las representaciones más estilizadas y perennes de la literatura del siglo XX, en un volumen que es una variante del aleph, porque contiene en su inventario de asombros y perplejidades el universo.



Max Aub. 
Campo cerrado.
El laberinto mágico I.
Prólogo de Antonio Muñoz Molina. 
Edición al cuidado de Carmen Córdoba y Miguel Ángel Arcas.
Cuadernos del Vigía. Granada, 2017.

Con una cuidadísima edición revisada de Campo cerrado, de Max Aub, de la que se han ocupado Carmen Córdoba y Miguel Ángel Arcas, Cuadernos del Vigía inicia la recuperación de El laberinto mágico, un ciclo coral y un variado retablo que constituye el conjunto novelístico más ambicioso y representativo de los que se escribieron en el exilio sobre la guerra civil española. 

Tras la emblemática edición, inencontrable ya, de sus seis volúmenes en Alfaguara a finales de los años setenta, uno de los acontecimientos editoriales de la transición, la figura de Max Aub fue una víctima de la desmemoria que evocó con amargura en La gallina ciega, el diario de un regreso esporádico a España desde su exilio mexicano.

Encabezada con una introducción de Antonio Muñoz Molina y precedida del prólogo que Aub publicó en la primera edición mexicana de 1943 con interesantes observaciones sobre el proyecto del ciclo incipiente, sobre las circunstancias en las que surgió, Campo cerrado es la primera muestra de un proyecto editorial que prevé la edición de dos volúmenes por año. Le seguirán los cinco tomos restantes: Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965) y Campo de los almendros (1968).

Cada uno de ellos irá prologado por reconocidos especialistas en la obra de Aub como José Antonio Pérez Bowie, Carmen Valcárcel o Gerard Malgat, o por novelistas como Almudena Grandes.

Hace años que la literatura de Max Aub entró en un injusto olvido, en un purgatorio del que viene a rescatarla este admirable proyecto que se inicia con Campo cerrado (1943), la primera de las seis novelas del ciclo.

Basta un párrafo como este, el segundo de la novela, para dejar constancia de uno de los rasgos fundamentales del ciclo: la calidad de su prosa:  “La plaza, por ocho días ruedo verdadero, apuntaladas las fachadas limpias de derrengaduras con escaleras y tablones; el casino adargando su última luz tras las talanqueras; en el centro, la fuentecilla barroca con su canto de agua de cuatro caños recobrando su calaña de abrevadero; la plaza, acabadas de tocar las diez, ombligo del mundo.”

Organizada en tres partes subdivididas cada una en tres capítulos, Campo cerrado es una novela de formación y búsqueda ambientada en los prolegómenos de la Guerra Civil. Se narra en ella el despertar al mundo de Rafael López Serrador, un joven castellonense recién llegado a una Barcelona crispada en vísperas del conflicto.

En su episodio inicial, un toro de fuego recorre aterrado y furioso las calles del pueblo del protagonista, Viver de las Aguas. No es una casualidad ni una nota pintoresca: esa imagen se convertirá en un símbolo del hombre acosado por la barbarie y la violencia del ambiente que acabó desembocando en la Guerra Civil, que acaba de estallar cuando se cierra la novela, el 19 de julio de 1936, y tras una serie de escaramuzas y combates en las calles, Barcelona permanece fiel a la República.

“Rafael Serrador vaga por las calles tropezando con las gentes y sintiendo los lazos que le unen con los hombres, y como cogido en una red de la cual él fuese una de las mallas, una de las hebras de la noche. Por la plaza del Pino pasea un hombre completamente desnudo, gritando: 
—¡Viva el Sr. Kneipp! ¡Viva el Sr. Kneipp! 
Un mundo salido de sí, un mundo sin madre. Apoyado en un canalón, Rafael Serrador piensa en el agua, un agua bárbara, ímpetu bronco, raudo, tenaz, incontenible: como el de un toro de fuego, un arco iris de fuego, por encima de la ciudad vencedora.”

Entre esas dos escenas, la primera parte de Campo cerrado aborda la infancia y adolescencia de Rafael en su pueblo, la segunda se centra en Barcelona y en el contacto del personaje con la realidad social de la ciudad y la tercera recuerda los momentos iniciales de la sublevación militar.

Como en el resto del ciclo, Max Aub interpreta  la guerra como el resultado de una confluencia de barbarie e imprevisión, de fuerzas contrarias desatadas. Esta primera novela, escrita muy rápidamente y terminada en París en agosto de 1939, es además de una reflexión del autor sobre el desastre que acababa de terminar, el producto de una concepción terapéutica de la escritura, la respuesta narrativa que le permitió asimilar la experiencia traumática de la guerra y el exilio.

Y es que, como señala Muñoz Molina en el prólogo, "da la impresión de que en el mismo momento en que las cosas le suceden ya está imaginando el modo de convertirlas en literatura."



Juan Rulfo.
El Llano en llamas.
Pedro Páramo.
El gallo de oro y otros relatos.
Estuche conmemorativo del centenario.
Editorial RM. México-Barcelona, 2017.

Cuando acaban de cumplirse 100 años del nacimiento de Juan Rulfo,  uno de los narradores imprescindibles del siglo XX en español, una de las aportaciones más importantes es la “edición bandera mexicana” de su obra.

Cuidada por la Fundación Juan Rulfo, que ha fijado los textos definitivos, la publica la Editorial RM con una espléndida tipografía, en una edición muy limpia en tres tomos muy manejables y agradables de leer.

Los cuentos imprescindibles de El Llano en llamas, que inauguran un territorio literario inconfundible que dos años después, en 1955, daría cabida a su novela Pedro Páramo, habitada por un coro de voces y sombras que sirve de fondo a la bajada a los infiernos de Juan Preciado, el narrador que habla en el comienzo memorable: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.”

Un tercer volumen contiene el guión de El gallo de oro, con el texto fijado por la Fundación Juan Rulfo, y un poema para La fórmula secreta, una película de referencia en el cine mexicano.

Decía el crítico Chris Powell que “se puede leer la breve pero densa obra de Rulfo en un par de días, aunque eso sólo significa dar el primer paso dentro de un territorio todavía por conocer. Su exploración es uno de los viajes más extraordinarios de la literatura.”

Lo advirtió el propio Rulfo cuando decía que hasta después de tres o cuatro lecturas no se entendía Pedro Páramo, una novela inagotable cuya brevedad engañosa es otro de los espejismos de la obra.


Carson McCullers.
El aliento del cielo.
Prólogo y comentarios de Rodrigo Fresán
Traducción de José Luis López Muñoz 
y María Campuzano.
Seix Barral. Barcelona, 2017.

“Yo tengo más que decir que Hemingway, y Dios sabe que lo he dicho mejor que Faulkner”, decía en 1958 Carson McCullers.

Lo recuerda Rodrigo Fresán en el prólogo de El aliento del cielo, un volumen imprescindible que reúne toda su narrativa breve –diecinueve cuentos y tres novelas cortas- traducida por José Luis López Muñoz y María Campuzano.

Lo reedita Seix Barral cuando se cumple el centenario del nacimiento de la autora y medio siglo de su muerte prematura.

“Apuntes para una teoría de la ciencia del amor” es el título de ese prólogo de Rodrigo Fresán. No es su única aportación a este libro, en el que sus agudos comentarios sobre la técnica narrativa, los temas, los personajes o el punto de vista preceden a cada uno de los textos y orientan al lector sobre lo que se va a encontrar en este conjunto monumental e imprescindible.

De ese conjunto monumental forman parte dos de los modelos más acabados de la novela corta en el siglo XX: la en su momento escandalosa Reflejos en un ojo dorado, que abordó el tema de la homosexualidad en el ámbito militar, una obra perfecta; y Balada del café triste, que trata una historia de soledad y violencia ambientada en ese sur decadente que es el telón de fondo de muchos de los relatos de Carson McCullers.

“Todo lo que sucede en mis relatos me ha sucedido o me sucederá.” En esa confesión  inquietante se resume el mundo narrativo de Carson McCullers, la base autobiográfica de la novela corta Frankie y la boda o la materia argumental de sus diecinueve cuentos, que la convirtieron en uno de los referentes del género. Algunos de ellos son la prehistoria de su excelente primera novela, El corazón es un cazador solitario.

De un lirismo desgarrado, o sombríos y conmovedores en su mirada al interior de unos personajes acosados por la soledad, eficaces desde la primera frase en la precisión de su economía técnica y en su agilidad narrativa, turbadores en la desolación característica del gótico sureño, los recorre una voz sutil y poderosa que desde la región solitaria de las historias sencillas y del mundo interior sitúa en el centro del relato un núcleo conflictivo para hablar de la complejidad de las relaciones humanas, de la dificultad de la comunicación en la pareja, de la enfermedad y la violencia, del alcohol, la soledad y la muerte.

Cualquiera de estos cuentos podría servir como modelo del relato norteamericano contemporáneo sin desmerecer de Faulkner, Tennessee Williams, Scott Fitzgerald, Cheever o Carver por la huella imborrable que dejan en la memoria del lector.


Antología crítica del cuento 
hispanoamericano del siglo XX.
I. Fundadores e innovadores.
II. La gran síntesis y después.
Selección de José Miguel Oviedo.
Alianza Editorial. Madrid, 2017.

Veinticinco años después de su primera edición, Alianza publica en su colección El libro de bolsillo una obra de referencia y de lectura ineludible para quien quiera introducirse en el terreno de la narrativa hispanoamericana del siglo XX: los dos tomos de la Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XX que preparó José Miguel Oviedo en 1992. 

Presentados por una Introducción que reivindica la importancia del relato en Hispanoamérica en el siglo XX y en la que Oviedo señala que “bastaría mencionar tres o cuatro nombres que cualquiera reconocería de inmediato: Borges, Cortázar, Rulfo, García Márquez”  para darse cuenta de su relevancia, esta selección se organiza en dos volúmenes.

Fundadores e innovadores y La gran síntesis y después son sus dos títulos y abarcan cuatro momentos estéticos y temáticos: La tradición realista: criollistas, indigenistas y neorrealistas; La innovación: cuento fantástico, vanguardista, especulativo y humorístico; La gran síntesis: hacia el “boom” y Otras direcciones: desde el “boom”. 

Entre César Vallejo y Álvaro Mutis, nombres como Arguedas, Benedetti, Julio Ramón Ribeyro, Borges, Bioy, Monterroso, Asturias, Carpentier, Lezama Lima, Cortázar, Rulfo, García Márquez, Onetti, Carlos Fuentes, Vargas Llosa o José Emilio Pacheco.

Y cuarenta cuentos imprescindibles precedidos de análisis lúcidos y breves. Son algunos de los mejores cuentos que se escribieron en el siglo XX en lengua española en una antología en la que José Miguel Oviedo recoge "los textos que, en conjunto, pudiesen ofrecer al lector la misma experiencia de fascinación, asombro y placer que tuvimos a reír haciendo su selección."


Javier Salvago.
No sueñes conmigo.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2017.

Del primero de los diecisiete relatos que forman la primera parte del volumen toma su título No sueñes conmigo, el libro de Javier Salvago que publica La Isla de Siltolá en su colección Nouvelle.

Desde ese primer cuento, centrado en un sensitivo atormentado por sus sueños premonitorios de muertes ajenas, una rara sensación se apodera del lector, que entra con esos relatos en el ámbito de una sobrerrealidad inquietante que se cuela por las grietas de lo cotidiano y se cierra con unos desenlaces mortales, quizá lo único previsible en estos relatos sorprendentes.

Cuentos que discurren en las fronteras del relato fantástico o del terror gótico, entre la fantasmagoría, los miedos, las obsesiones y la fragilidad de las vidas que pueblan estas páginas. 

Hay en ellas terrores nocturnos y fantasmas que vuelven para desquitarse, dioses y demonios que juegan partidas destructivas en la PlayCreation, un suicida reincidente, el descubrimiento de la marca de Caín -una pequeña nube en el ojo izquierdo de los asesinos- o la venganza aplazada y cumplida del espléndido Variaciones sobre un tema de Borges.

Bajo la mirada impasible y distante del narrador, una línea invisible separa en estos relatos que iluminan las zonas oscuras de la realidad la vigilia de la pesadilla, la locura de la cordura en un mundo que a veces parece obedecer al plan diabólico de un loco como en El otro, uno de los mejores del conjunto.

La segunda parte la forman veinticinco microrrelatos que son otros tantos chispazos irónicos o sarcásticos sobre los comportamientos humanos y los usos sociales. Cercanos algunos a la greguería o al aforismo –“No salía de su pasado ni para ir a comprar el pan”-, predomina en ellos la crítica social de tono irónico, como en este Haciendo méritos:

Lo cogieron robando, estafando, traficando, evadiendo capitales, lavando dinero negro. Una vez ante el juez, alegó en su defensa que solo estaba haciendo méritos para ser ministro o, con un poco de suerte, presidente de Gobierno. Lo condenaron, pero, tras una breve y confortable estancia en prisión, le dieron un importante cargo. Nadie podía negarle que hubiera hecho tantos méritos como el que más.



  Emmnanuel Bove.
Armand.
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
y Amaya García Gallego.
Hermida Editores. Madrid, 2017.

Tras la publicación de sus espléndidos relatos, Hermida Editores sigue recuperando la perturbadora obra narrativa de Emmanuel Bove (1898-1945).

Publicada en 1926, Armand, que aparece con la solvente y ágil traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego, fue su segunda novela, pero ya está perfilado en ella el mundo inconfundible de Emmanuel Bove, la hondura en el trazado psicológico de los personajes y la sutileza con la que analiza sus comportamiento.

Narrada por el protagonista en primera persona, lo que le otorga una fuerza especial, una intensa corriente subterránea se agita por debajo de la superficie leve de su trama. El encuentro fortuito de Armand con su viejo amigo Lucien provoca la conflictiva vuelta del pasado que retorna para cuestionar la insatisfacción del presente y un conflictivo triángulo amoroso con Jeanne, la viuda con la que vive cómodamente, y Marguerite, la joven hermana de su amigo.

En el fondo, la infelicidad y el deseo, el interés y la soledad, la imagen amarga de la vida recorren esta novela en la que Bove practica el arte del matiz con  un estilo eficaz y directo para dibujar un mundo sombrío y unas relaciones humanas opacas y problemáticas que quizá expliquen la influencia que ejerció en Camus o en Nathalie Sarraute o la atención que suscitó en Handke y Ashbery, que tradujeron a Bove y de esa manera reivindicaron su forma de narrar y de mirar el mundo,

Como en el resto de su obra, el aislamiento y la infidelidad, la dificultad de las relaciones humanas y de pareja, la sensación de fracaso, son algunos de los hilos conductores de una historia en la que lo importante no es su línea argumental, sino el fondo que la sostiene: las difíciles relaciones del personaje con un mundo opaco, con los otros y consigo mismo, con una verosímil proyección del propio mundo interior de Bove en el protagonista.

 

Manuel Moyano.
El abismo verde.
Menoscuarto. Palencia, 2017.

“Dios somete a pruebas implacables a sus emisarios; por eso acabé apartándome de Él. Durante cierto tiempo, mientras aún ejercía el sacerdocio, fui conocido como «el Padrecito»: así solían llamarme los habitantes de aquel inmundo pueblo amazónico de Agaré, antes de que su propia insensatez los borrara de la faz de la tierra.”

Así comienza El abismo verde, de Manuel Moyano, una novela armada sobre una intriga inquietante que atrapa al lector desde esas primeras líneas en las que se invoca el desenlace de una peripecia sorprendente.

Publicada por Menoscuarto en su colección Cuadrante nueve, responde al modelo clásico de la novela de aventuras con rasgos imprescindibles como el viaje a lugares remotos, los peligros en una naturaleza desconocida y adversa, o el misterio que rodea a los personajes, que parecen ser dueños de un secreto indescifrable.

Narrada muchos años después de los hechos por el protagonista, un joven religioso en crisis que va a tomar posesión de la parroquia de Agaré, antigua colonia minera en un lugar sin mujeres y al margen de la civilización, ese viaje es también y sobre todo viaje al fondo de sí mismo y a los abismos de su propia conciencia.

Escrita con envidiable ritmo narrativo y con una prosa muy ágil y precisa, El abismo verde es una novela absorbente en la que la búsqueda de su propia identidad por parte del protagonista se va rodeando de elementos fantásticos, ciudades abandonadas y criaturas extrañas que van surgiendo en medio de una naturaleza agresiva, aflorando desde una corriente subterránea de terror que emerge en el último capítulo.

La ambientación  en medio de la selva, el contraste de civilización y primitivismo y ese fondo de horror remite en esta novela a los modelos declarados por el narrador: Verne, El corazón de las tinieblas de Conrad, London, Stevenson o Las aventuras de Allan Quatermain, de Rider Haggard, son lecturas confesadas a lo largo de la narración.

En ese sentido, El abismo verde es también un homenaje a los clásicos de la novela de aventuras.


Emmanuel Bove.
Huida en la noche.
Traducción de Mercedes Noriega Bosch.
Pasos perdidos. Madrid, 2017.

Huida en la noche, que publica Pasos perdidos con traducción de Mercedes Noriega, fue la penúltima novela de Emmanuel Bove y es una obra que remite al mundo inconfundible del novelista, a sus protagonistas indecisos, sometidos a los vaivenes del azar y abocados a la condición de seres solitarios.

Tras su trama argumental y su tensa intriga -la huida de una docena de prisioneros franceses de un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial -, su sentido profundo acaba convirtiéndola en la metáfora de un viaje hacia la soledad.

Y el variopinto muestrario de caracteres de los fugitivos que aparecen en sus páginas resumen también las distintas actitudes humanas, los distintos comportamientos ante la vida, que para la amarga visión de Bove es una condena de la que en el fondo no se puede escapar.

Por eso hay más tensiones en la conflictiva relación humana entre los fugitivos que la que genera la propia huida o la preparación del plan meticuloso de fuga. El desánimo, los peligros, el miedo, el egoísmo, la deslealtad no frustran pese a todo una huida en la que el protagonista narrador se acaba quedando solo.

Y cuando llega a Francia, remata la novela con este párrafo que deja abierta la acción y que se convierte en un mal presagio que se confirmaría en la última novela que escribió, Non-lieu:

“Ese despertar en plena noche aún me hacía temblar de vez en cuando. Pero estaba en Francia. Pronto estaría en París, mi ciudad natal. Estaba a salvo, al menos eso creía.”


W. Somerset Maugham.
El impulso creativo.
Traducción de Jordi Fibla.
Atalanta. Gerona, 2017. 

“Supongo que muy pocas personas saben cómo la señora de Albert Forrester llegó a escribir La estatua de Aquiles, y puesto que ha sido aclamada como una de las grandes novelas de nuestro tiempo, creo que una breve explicación de las circunstancias que la hicieron nacer interesará a todos los estudiosos serios de la literatura; y en verdad, si, como dicen, esta es una obra que sobrevivirá, mi relato, cuyo objetivo va más allá que el de entretener de un durante una hora ociosa, podrá ser considerado por el historiador futuro como una curiosa nota al pie en los anales literarios de nuestra época.”

Así comienza El impulso creativo, el cuento de Somerset Maugham que cierra y da título al volumen que publica Atalanta con traducción de Jordi Fibla.

Está centrado en la figura de una escritora que en un destello de inspiración había descubierto las posibilidades cómicas del punto y coma, aunque no encuentra hasta los 57 años el éxito literario. Será con una novela policiaca después de que su marido, un pelmazo aburrido, se escape de casa con la cocinera después de 35 años de matrimonio.

Ese texto cierra un conjunto de doce relatos en los que se habla de las relaciones humanas y las relaciones de pareja con un narrador distante y subjetivo a la vez, porque su distancia no es la de la objetividad, sino la del sarcasmo o la ironía.

Entre la extensión de El grano ajeno, que se acerca a la de una novela corta, y la rapidez de El hombre de la cicatriz, doce relatos variados entre los que hay elementos de misterio y terror como en Lord Mountdrago; de humor en el divertido Las tres gordas de Antibes, ambientado en la Costa Azul, o la indefinición del sueño y la realidad en torno al asesinato de una mujer en El sueño.

Con un habilísimo manejo del diálogo, con su  habitual agudeza en las descripciones físicas y psicológicas de los personajes y con el ritmo sostenido de su desarrollo argumental, doce relatos de un escritor solvente aunque muy alejado del canon del cuento contemporáneo. Opositor militante de los relatos de Chéjov y los efectos suspensivos de sus finales abiertos, Somerset Maugham se empeñó en construir relatos cerrados, con giros inesperados en sus desenlaces sorprendentes y efectistas.




Ramón M.ª del Valle-Inclán.
Tirano Banderas.
Edición de Francisco Caudet.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2017.

Muchos años antes de que Miguel Ángel Asturias escribiera El señor Presidente, punto de partida de un subgénero central en la novela hispanoamericana al que se sumarían títulos como El recurso del método, de Alejo Carpentier, Muertes de perro y El fondo del vaso, de Francisco Ayala, El otoño del patriarca, de García Márquez, Yo, el Supremo, de Roa Bastos o La fiesta del Chivo, de Vargas Llosa, Valle-Inclán puso la semilla de esa modalidad narrativa de la novela de dictador con Tirano Banderas.

En un formato mayor de lo habitual y minuciosamente anotado, Cátedra Letras Hispánicas   lo incorpora a su catálogo con edición y prólogo de Francisco Caudet, que ha elaborado un amplio ensayo introductorio de doscientas páginas que constituye uno de los estudios textuales más completos sobre la composición y estructura de Tirano Banderas, del que se ofrecen en dos anexos los pre-textos y el prólogo que Valle anticipó en revistas desde junio de 1925 antes de darle su forma definitiva en el libro que se publicó el 15 de diciembre de 1926.

Subtitulada Novela de tierra caliente, y ambientada en la República de Santa Fe de Tierra Firme, un territorio imaginario que es suma de los países de lengua española, Valle hablaba de ella en una carta a Alfonso Reyes en noviembre de 1923 y la definía como “una novela americana (....). La novela de un tirano con rasgos del Doctor Francia, de Rosas, de Melgarejo, de López, y de don Porfirio. Una síntesis el héroe, y el lenguaje una suma de modismos americanos de todos los países de lengua española, desde el modo lépero al modo gaucho.” Tres años después publicó la versión definitiva de esa novela que es una de las cimas de Valle y de la literatura española del siglo XX.

Con precedentes en el Facundo de Sarmiento y en el Nostromo de Conrad, Tirano Banderas es a la vez compendio y profecía de una lacra que ha sembrado de muerte y miseria la historia latinoamericana, en el esperpéntico déspota Santos Banderas –“calavera humorística”, “verde máscara indiana”- se cifra ese destino de espadones y pronunciamientos que  desde la independencia han sufrido esos países.

Diseñada con una muy medida estructura  y desarrollada con el ritmo rapidísimo de sus fragmentos breves, secuencias que obedecen a una técnica cinematográfica, Tirano Banderas es la mejor manifestación de la técnica del esperpentismo en la narrativa valleinclanesca: la realidad sometida a una matemática deformación de espejo cóncavo, la mirada impasible desde arriba, lo grotesco, las máscaras, la degradación de lo humano, la animalización y la muerte, rasgos propios del esperpento, se expresan aquí con una síntesis de las variedades lingüísticas hispanoamericanas y con descripciones plásticas llenas de luz y cromatismo:  

“Sobre el resplandor de las aceras, gritos de vendedores ambulantes: Zigzag de nubios limpiabotas: Bandejas tintineantes, que portan en alto los mozos de los bares americanos: Vistosa ondulación de niñas mulatas, con la vieja de rebocillo al flanco. Formas, sombras, luces se multiplican trenzándose, promoviendo la caliginosa y alucinante vibración oriental que resumen el opio y la marihuana.”

Santos Domínguez


23/5/17

Feria del Libro. Ensayo




Alessandro Marzo Magno.
Los primeros editores.
Traducción de Marilena de Chiara.
Malpaso. Barcelona, 2017.

El amanecer de los libros era el título original de Los primeros editores, un espléndido ensayo de Alessandro Marzo Magno que publica Malpaso con traducción de Marilena de Chiara.

Rigurosamente documentada, es una estupenda evocación intrahistórica de aquella ciudad convertida en capital editorial del mundo en pleno Renacimiento, en la primera mitad del Cinquecento, porque “en la primera mitad del siglo XVI era en Venecia donde se imprimía la mitad de los libros que se publicaban en Europa. Y esta primacía no era solo cuantitativa, sino también cualitativa (...) Sin la industria editorial veneciana de aquel siglo no existiría el libro tal y como lo conocemos hoy, y tampoco la lengua italiana tal como la hablamos hoy. El italiano se basa en la obra de los toscanos Dante y Petrarca, pero son las ediciones venecianas a cargo del humanista Pietro Bembo e impresas por el rey de los editores, Aldo Manucio, las que decidieron la influencia que aún perdura.”

La Serenísima República de Venecia era entonces una potencia marítima de peso internacional y su posición dominante permitió intercambios culturales no sólo con el mundo occidental, sino con el islámico y el hebreo. Y eso permitió la multiculturalidad y el eclecticismo: allí se publicó la primera edición del Talmud en libro y allí se compuso el primer Corán impreso en árabe, rodeado de misterio y perdido durante medio milenio. Y allí destacó sobre todas la figura genial de Aldo Manuzo, "el Miguel Ángel de los libros", el editor más importante del siglo, que publicó en 1499 el Sueño de Polifilo, de Francesco Colonna, la obra maestra de la impresión, el Cancionero de Petrarca y la Divina Comedia y fue el creador del libro de bolsillo, del “libro portatile”.

Aunque era una ciudad sin universidad –estaba cerca la de Padua-, Venecia era entonces una multinacional del libro, la capital internacional de la edición. La mitad de la producción editorial europea entre 1526 y 1550 salió de las prensas venecianas, que llegaron a producir 35 millones de ejemplares a lo largo del siglo.

“El mercado editorial en Venecia –escribe Alessandro Marzo- es tan importante que convierte a la ciudad en una suerte de feria permanente durante todo el año.”

Con 150.000 habitantes, Venecia tenía en 1500 690 imprentas de las que salieron todo tipo de libros. Además de Biblias, textos religiosos y clásicos grecolatinos, allí se editaron los primeros libros en armenio y en griego; el primer libro de música impreso con tipos móviles; el primer tratado ilustrado de arquitectura; el primer libro pornográfico y abundantes tratados de medicina, gastronomía y contabilidad.

Fue allí donde el Orlando furioso se convirtió en el primer best-seller con 28 ediciones en menos de veinte años, donde Pietro Aretino -"Un genio. Un pornógrafo. Un pervertido. Un intelectual refinado"- se hizo famoso con sus sonetos lujuriosos, donde los grandes descubrimientos geográficos impulsaron la edición de cartas de navegación, mapas de las nuevas tierras americanas y abundantes textos geográficos, útiles para conocer la Tierra y para hacer la guerra.

En esta recreación de la época en la que Venecia hizo leer al mundo, el lector  recorre de la mano del autor las calles y las librerías, las imprentas de aquella ciudad comercial que fue la capital editorial de Europa hasta que la Inquisición y el Concilio de Trento arruinaron aquella aventura cultural y económica sin la que el Renacimiento no hubiera sido posible:

“Industrialización, globalización, marketing: todo está presente en la Venecia renacentista. Se trata de sucesos de hace medio milenio, pero las capacidades productivas y comerciales manifestadas en la capital mundial del libro de la primera mitad del siglo XVI encajarían perfectamente entre las historias de éxito de las empresas contemporáneas.”



Jorge Edwards.
Prosas infiltradas.
Reino de Cordelia. Madrid, 2017.


“Lo esencial del ensayo, para mí, consiste en proponer preguntas y en admitir respuestas diversas, coyunturales, conjeturales y hasta contradictorias”, escribe Jorge Edwards en el Breve ensayo sobre el ensayo que hace la función de prefacio de sus Prosas infiltradas, una espléndida colección de ensayos breves que publica Reino de Cordelia.

Borges, Cortázar, Octavio Paz, Machado de Assis, Voltaire, Proust, Svevo, Cervantes o Montaigne son algunos de los referentes intelectuales y literarios a los que interrogan estas páginas conlas que Jorge Edwards se adentra en el territorio más fecundo de la modernidad.

Porque estos ensayos son prosas infiltradas entre los diferentes géneros, puertas giratorias que abren de un lado el componente narrativo del ensayo clásico y de otro el factor reflexivo de las grandes novelas de Proust, Stendhal o Thomas Mann.

Desde ese territorio ensayístico propicio a la libertad y al tanteo, a la exploración y a la incertidumbre, Edwards explora la difícil relación de la cultura con el poder, traza la semblanza de Fidel Castro y de Neruda o aborda la literatura francesa como una referencia constante, además de la literatura en español, de estos ensayos que son también un homenaje a sus lecturas desde la memoria de un lector agudo que busca espacios de encuentro de la lectura y la escritura.

La narrativa de Cortázar en sus prosas sueltas y libres, con un fondo frecuente de elementos ensayísticos que revela Edwards en un ensayo luminoso, una aproximación a la obra de Cortázar desde “la libertad de escritura y la libertad de lectura”; Octavio Paz como ejemplo de confluencia de poesía y ensayo o la invención de una voz narrativa en Machado de Assis son el de objeto algunos de estos textos en los que siempre está presente la conexión de vida y literatura, de lectores leídos y escritores contados, como titula uno de los mejores capítulos del libro: un estupendo ensayo sobre Cervantes y el Quijote.





José Manuel Caballero Bonald.
Examen de ingenios.
Seix Barral. Barcelona, 2017.

Con un título que homenajea a Huarte de San Juan, que publicó en Baeza en 1575 su Examen de ingenios que le convertiría en patrón de la psicología, José Manuel Caballero Bonald reúne un centenar largo de semblanzas de escritores, artistas plásticos o músicos del ámbito hispánico “que me han atraído por alguna razón y a los que he tratado de manera asidua o eventual.”

Entre la anécdota y la reflexión crítica, estos retratos literarios, dictados por la proximidad o por el desafecto, se acercan a novelistas, poetas, cantaores, pintores o actores desde la admiración o el encono indisimulado.

Ordenadas de manera aproximadamente cronológica, no por su fecha de nacimiento sino por la fecha en que los conoció, estas semblanzas son una forma indirecta de autobiografía porque con todos ellos ha tenido una vinculación personal más o menos intensa.

Algunos de estos retratos estaban esbozados en La novela de la memoria o en Oficio de lector, pero toman aquí su perfil definitivo, pasado por el filtro del tiempo y por la evolución del propio Caballero Bonald, que coteja así “lo que pensaba con lo que pienso”por ejemplo en relación con Tiempo de silencio.

Alejados por igual de la adulación y la mordacidad, son dibujos rápidos, hechos con  pinceladas precisas, “bosquejos casuales y probablemente temerarios” que en lo que se refiere a la literatura española evoca a escritores de cinco grupos generacionales: el 98 de Azorín o Baroja, el Novecentismo de Américo Castro o D’Ors, el 27 de Alberti o Aleixandre, el 36 de Rosales, Panero o Ridruejo y la promoción del 50, con Valente o José Agustín Goytisolo, con lo que Caballero Bonald prescinde de promociones posteriores a la suya.

El retrato cáustico de un Azorín más estático que el del retrato de Zuloaga; la mirada entre admirativa y maliciosa a Dámaso Alonso –“no es disparatado suponer que había nacido calvo y que se valió de las gafas al mismo tiempo que del sonajero”-; la admiración por la escritura de Alejo Carpentier; la mala experiencia de conocer a Borges en persona; el encuentro silencioso de dos retraídos -Onetti y Rulfo-, autores de una obra admirable; el elogio de La casa encendida de Luis Rosales; la celebración de la narrativa de Cunqueiro; sus conflictivas relaciones con Cela, “especialista en la obra de Cela; el recuerdo de Lezama Lima en su salón habanero, “mitad leonera mitad scriptorium”; un retrato demoledor de José Hierro o “la claridad jubilosa” de la poesía de Claudio Rodríguez son algunos de los ejemplos de este Examen de ingenios.

Un libro en el que coexisten las luces y las sombras, la evocación de la persona o el personaje y el análisis de su obra, la subjetividad de la memoria y la objetividad crítica o una mirada irónica sobre nombres como Antonio Gala, Vargas Llosa, Gil de Biedma o Carlos Barral.

Completan el panorama, mayoritariamente literario, pintores como Viola, Millares, Antonio López o Tapies; actores como Marsillach o Paco Rabal y cantaores como Agujetas, Mairena o La Niña de los Peines.


Elias Canetti.
El libro contra la muerte.
Con un postfacio de Peter von Matt
Texto establecido por Sven Hanuschek,
Peter von Matt y Kristian Wachinger,
con la colaboración de Laura Schütz
Edición en español adaptada y anotada
por Ignacio Echevarría
Traducción de Juan José del Solar
y Adan Kovacsics.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017.

“Haber presenciado a los siete años de edad cómo su padre se desplomaba repentinamente, víctima de un ataque al corazón, marcó a Elias Canetti de manera decisiva, y sembró en él la semilla de su visceral rechazo a la muerte, a cuyo imperio se opuso siempre, de manera a menudo estentórea. Desde muy temprano, Canetti acarició la idea de escribir un libro contra la muerte (...), cuyo proyecto lo acompañó el resto de su vida”, se indica en la nota que abre el volumen El libro contra la muerte, de Elias Canetti, que publica Galaxia Gutenberg en español en una edición adaptada y anotada por Ignacio Echevarría.

Sin embargo, nunca escribió ese libro, ni siquiera llegó a esbozarlo ni a escribir la primera frase de su libro, como señala en el postfacio Peter von Matt, aunque dejó abundantes anotaciones inéditas en su legado póstumo.

Junto con ese material inédito que han rescatado en un arduo trabajo un grupo de editores -Sven Hanuschek, Peter von Matt y Kristian Wachinger, con la colaboración de Laura Schütz— El libro contra la muerte reúne los apuntes sobre el tema que Canetti publicó a lo largo de su vida.

Fechados entre 1942 y 1994, integrados y desperdigados en sus libros o rigurosamente inéditos, estos apuntes reflejan el tema vertebral de la obra de Canetti: un combate contra la muerte que recorre toda su escritura durante más de medio siglo como un ejercicio de resistencia, como una forma de evitar la muerte, de protegerse de ella como Sherezade en cada una de las noches que entretuvo narrativamente al sultán.

En 2010 en esta misma editorial se publicó el Libro de los muertos, por lo que es necesario advertir, como hace el editor, que no se trata del  mismo libro “para que quienes leyeron en su día el Libro de los muertos no se disuadan de leer ahora el libro contra la muerte. Este último no constituye una refactura el primero sino, más propiamente, otro libro sobre la muerte de quien, a lo largo de medio siglo, no dejó un solo día de pensar en cómo resistirse a ella.”



 Rafael Sánchez Ferlosio.
QWERTYUIOP.
Ensayos 4.
Edición de Ignacio Echevarría.
Debate. Madrid, 2017.

“Las cuestiones por las que me intereso apenas pasarán de seis o siete, y como, con el paso de los años y de las recurrencias, algunas acaban abriendo tuberías de comunicación, no es raro que se vayan fundiendo y reduciendo. Entre las más antiguas -dejando a un lado las abandonadas- se cuenta la que ahora se designa como “Carácter y destino”, escribía Rafael Sánchez Ferlosio en “La forja de un plumífero”, un texto autobiográfico que resume su trayectoria literaria y  sus intereses intelectuales. Apareció en 1998 en la revista Archipiélago y ahora cierra como anexo el cuarto y último volumen de sus ensayos que publica Debate con edición de Ignacio Echevarría.

Junto con ese artículo iluminador, un imprescindible índice cronológico de los textos reunidos en los cuatro volúmenes que recopilan los artículos y ensayos de Rafael Sánchez Ferlosio remata este cuarto tomo de los ensayos ferlosianos.

Sobre enseñanza, deportes, televisión, publicidad, trabajo y ocio es el subtítulo de este volumen que lleva como título significativo QWERTYUIOP, las letras superiores del teclado de la máquina de escribir o del ordenador, una secuencia aparentemente arbitraria pero que responde a una lógica racional que combina varios criterios de la misma manera que hay también una red de sentidos que articula los distintos contenidos de este volumen misceláneo.

“La idea de titular «QWERTYUIOP» este volumen –explica Ignacio Echevarría en su Presentación- le sobrevino al autor al percatarse, una vez diseñado el plan de esta edición de sus ensayos, de que el cuarto y último de los volúmenes que iban a integrarlo constituía, al menos en apariencia, lo que se entiende por un «cajón de sastre».”

Tras un artículo de 1974 sobre la encerrona del desarrollo -'A propósito del gran regalo, tan involuntario por su parte como no deseado por la otra, que los altivos jeques del desierto estuvieron a punto de hacerles a los rumís amigos de sus enemigos'- que se recupera como Prefacio, se recogen en este volumen ensayos fundamentales de Ferlosio como Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado o el más reciente Non olet, junto con una serie de artículos que son la parte menos abstracta y más ligada a la experiencia inmediata de lo cotidiano de su producción ensayística, siempre entre la lucidez y el desengaño en la indagación de la realidad a partir de las tensiones de conceptos contrarios.

Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado es, lo dice él mismo, su “sermón más extenso y enconado”, tiene como centro el mito del progreso. La enseñanza y el debate entre educación e instrucción es el tema común a los artículos de “Entre Escila y Caribdis”. La publicidad y la televisión son el eje de la sección “Hacia una nueva estética”. Los  juegos y deportes son el objeto de atención de varios artículos, así como la  crítica del pensamiento liberal y de la ética del trabajo centran los textos de Non olet.

Cierran el conjunto dos secciones: una de textos misceláneos –QWERTYUIOP- y La señal de Caín, un ensayo de 1996 que –señala Echevarría-“se cuenta entre los más bellos, profundos y concluyentes de Ferlosio.”



Alberto Vital.
Noticias sobre Juan Rulfo.
La biografía.
Fundación Juan Rulfo. Editorial RM.
Barcelona, 2017.

Agotada hace tiempo la primera edición de 2004 de la que sin duda es la mejor biografía sobre Juan Rulfo y coincidiendo con el centenario del autor mexicano del nacimiento del autor mexicano la Fundación Juan Rulfo y la Editorial RM publican la segunda edición de Noticias sobre Juan Rulfo, de Alberto Vital.

Puesta al día y enriquecida con las aportaciones de nuevos estudios y precisiones sobre la vida y la obra de Juan Rulfo, con abundantes ilustraciones y cuatro anexos en los que Rulfo habla de su obra, Noticias sobre Juan Rulfo es un libro de referencia ineludible en la bibliografía rulfiana, en la que ocupa un lugar central, porque traza una imagen total de Rulfo y su obra, de su actitud ante el mundo en un acercamiento a la vida interior de la que se nutre su creación artística, siempre a caballo entre la ficción y la historia.

Es una incursión en la vida silenciosa de un tímido en cuya literatura hay, una considerable dosis de silencio, como en sus fotografías, a las que se dedica también mucha atención en esta biografía, que, como explica Alberto Vital en el prefacio para esta nueva edición, “quiere refrescar y reflejar nuevos haces de luz desde y hacia una obra sin medida.”

Elaborada con rigor documental y con un profundo conocimiento de la narrativa de Juan Rulfo, sus páginas viajan de la vida a la obra de la mano de un especialista en su obra que abre así nuevas vías de acceso a la lectura de su narrativa, sobre la que está biografía ofrece también una completa perspectiva crítica.

Los antecedentes familiares, la guerra cristera, la biblioteca que Ireneo Monroy depositó en la casa de su familia, el orfanato, su difícil juventud, la universidad, su actividad como fotógrafo, los cuentos de El llano en llamas, las primeras trazas de Pedro Páramo, el método de escritura de Rulfo y el proceso de redacción de la novela y su consagración literaria con el Premio Nacional de Literatura en 1970 son algunos de los episodios que rastrea esta magnífica biografía de Rulfo hasta el día de su muerte, el 7 de enero de 1986.



 María Zambrano.
Filosofía y poesía.
Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2017.

“Hoy poesía y pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.”

En ese párrafo se resume  el punto de partida de Filosofía y poesía, uno de los libros fundamentales de María Zambrano que reedita el Fondo de Cultura Económica.

Publicada en 1939, revisada por la autora en 1987 y articulada en cinco secciones -Pensamiento y poesía; Poesía y ética; Mística y poesía;  Poesía y metafísica; Poesía-, es una luminosa indagación en las conexiones entre filosofía y lenguaje, entre razón y revelación que constituye el eje programático de la razón poética que constituye el centro del pensamiento de María Zambrano, discípula de Ortega y Gasset, que transformó la razón vital de su maestro en razón poética.

Nadie ha reflexionado más lúcidamente ni con más sutileza en nuestra cultura sobre las relaciones entre pensamiento y poesía, entre filosofía y creación, sobre la necesaria vinculación entre la razón filosófica y el conocimiento poético, en busca de un punto de encuentro en el que coincidan pensamiento y palabra poética, “ese temblor que queda tras de todo buen poema y esa perspectiva ilimitada, estela que deja toda poesía tras de sí y que nos lleva tras ella; ese espacio abierto que rodea toda poesía”.

Se trata de unir las actitudes del poeta y el filósofo en la propuesta de un logos mediador en su común aproximación a la realidad. Conocimiento y revelación reconciliados en la integración de razón e intuición que está en la base de la razón poética zambraniana y en su defensa de la poesía como forma de conocimiento:

“Pero, ¿no tendrán —poesía y poeta— su justificación, su propio reino? No habrá en todo el universo, en ese universo que el poeta ama tanto y con tanto fuego, ningún sitio para él? ¿Más allá de la justicia, no habrá nada para el poeta? El poeta no pide, sino que entrega; el poeta es todo concesión. ¿No le será concedido nada? Se puede pedir en nombre de la justicia. Pero quien de verdad da algo, no lo hace en nombre de ella. Quien da y quien da más de lo que se le pide, y casi tanto como se espera, lo hace porque le viene su don de más allá de la justicia; de más allá de lo que remunera a cada uno, con lo que le pertenece. Porque este don de la poesía no es de nadie y es de todos. Nadie le ha merecido y todos, alguna vez, lo encuentran.”



 Joseph Campbell.
Las máscaras de Dios.
Mitología primitiva.
Volumen I.
Traducción de Isabel Cardona.
Edición revisada por
Sydney Yeager, Andrew Gurevich  y Santiago Celaya
Atalanta. Gerona, 2017.

Una obra central en la producción de Joseph Campbell que ha empezado a publicar Atalanta con traducción de Isabel Cardona. Las máscaras de Dios es un monumental estudio de mitología comparada que Campbell publicó entre 1959 y 1968 en cuatro tomos centrados en los mitos primitivos, orientales y occidentales y en la mitología creativa.

Tras abordar las máscaras del héroe, trabajó durante doce años en Las máscaras de Dios, que planteó como una monumental “historia natural de los dioses y los hombres”, como un rastreo de patrones arquetípicos comunes a todas las mitologías que las distintas culturas han elaborado, desde Mesopotamia a los mayas o los etruscos, desde la India a Oceanía, desde la cultura egipcia a la olmeca, desde China a Europa.

Revisado y puesto al día en 2016 por Sydney Yeager, Andrew Gurevich y Santiago Celaya con la supervisión de la Joseph Campbell Foundation, este primer volumen, centrado en la mitología primitiva, convoca lo narrativo y lo antropológico, lo mitológico y lo poético para acercarse a los relatos mitológicos sobre héroes y dioses. Relatos que proponen una explicación del mundo y de la relación del hombre con la realidad en ritos de amor y de muerte que están en el fondo de la mitología de los cazadores del Paleolítico, en las simbólicas germinaciones de semillas del agricultor neolítico, en la función mágica del chamán o en las persistentes imágenes narrativas de los reyes inmolados. Un conjunto que representa la arqueología del mito en la construcción de esta “Historia natural de los dioses y los héroes.”


Jacques Derrida.
La oreja del otro.
Traducción y autobiografía.
Prólogo de Andrés Claro.
Traducción de Pilar Cáceres.
Carpe Noctem. Madrid, 2017.

“La traducción es una escritura, no es simplemente una traducción en el sentido de transcripción, sino una escritura productiva solicitada por el texto original”, afirmaba Jacques Derrida en una de las conversaciones que siguieron a su conferencia Otobiografías de Nietzsche en la Universidad de Montreal del 22 al 24 de octubre de 1979.

Los debates posteriores, en los que participó Derrida de una manera tan viva que complementaba sus conferencias y resumía su pensamiento deconstructivista, tienen suficiente entidad como para ser objeto de esta edición en Carpe Noctem.

La autobiografía y la traducción fueron los ejes sobre los que se articularon esas conversaciones. Son “dos formas de saber y experiencia sobre la relación entre lo extranjero y lo propio”, escribe en su prólogo Andrés Claro.

En esos debates Derrida matizó y aclaró los contenidos de su conferencia sobre Nieztsche e insistió en las claves de su filosofía: la imposibilidad de posesión del sentido propio y en la imposible traducibilidad del sentido del otro y de lo otro.

A esas alturas, en 1979, Derrida ya había hablado de la falsedad de la escritura, porque tiene como instrumento el lenguaje, que es una forma de distorsión del pensamiento. Y  unos años antes había dejado en De la Gramatología algunas claves fundamentales del deconstructivismo. Había escrito sobre la indecibilidad, sobre la ambigüedad y la imprecisión como bases del lenguaje poético y había abierto todo un campo de posibilidades en la crítica literaria con su mirada al texto como una realidad abierta a las interpretaciones.

Dos citas extraídas de los dos debates pueden resumir las posturas de Derrida en aquellas conversaciones. Esta, sobre la traducción: “Cada vez que alguien dice su nombre propio o bien crea una obra literaria, o consigna su firma, ya sea traducible o intraducible, produce algo sagrado, no como en la prosa, no como lo que hace Jourdain en la prosa, sino al contrario: hacer poesía, es hacer algo sagrado, y en ese sentido es hacer algo intraducible.”

Y esta sobre la autobiografía: “Es la oreja del otro la que firma, por resumir de forma muy lapidaria mi planteamiento. Es la oreja del otro la que me relata, a mi, la que constituye el autos de mi autobiografía. Cuando mucho más tarde, el otro perciba con una oreja muy fina aquello que le esta dirigido, mi firma se habrá realizado.”

La traducción de Pilar Cáceres de las intervenciones de esos encuentros es la primera que se produce al castellano de “un texto cuya ausencia hasta la fecha -señala la traductora- resulta tan extraña como inexplicable.”


Paco Ignacio Taibo I.
Para parar las aguas del olvido.
Prólogo de Luis García Montero.
Drácena. Madrid, 2017.

Con un prólogo de Luis García Montero y con edición de Gastón Segura, Drácena recupera Para parar las aguas del olvido, de Paco Ignacio Taibo I (Gijón 1924-México 2008), un título que arranca de una cita de Cervantes para reconstruir la memoria de un niño de la guerra en el Oviedo de la posguerra.

La primera edición, que se publicó en Júcar en 1982 con un prólogo de Ángel González, uno de los personajes fundamentales del libro, llevaba años descatalogada.

De estas memorias de infancia y adolescencia dice en el prólogo Luis García Montero que constituyen “uno de los acercamientos más personales que conozco a lo que significó la vida de guerra y la inmediata posguerra en la educación sentimental de un tiempo histórico difícil: la infancia y la adolescencia de los derrotados.”

Escritas en capítulos breves, con distancia espacial y temporal, en México entre septiembre y octubre de 1978, resumen el aprendizaje de la rebeldía, el ejercicio de la resistencia, la defensa pese a todo de la esperanza en un futuro mejor, el descubrimiento de la vida o el tacto del primer pelo de pubis, de los libros y la calle, del amor y la imaginación, por parte del autor y de los cuatro amigos a los que dedicó estas memorias: Ángel González, Manuel Lombardero, Benigno Canal y Amaro Taibo.

Sobre el telón de fondo del miedo y la pobreza de la posguerra, la literatura aparece en estas páginas como una defensa de aquellos hijos de los vencidos ante el mundo: Cervantes, que “es una librería”, el asesinato de García Lorca, los novelistas rusos, Juan Ramón Jiménez o un decepcionante Gerardo Diego.

Formaron parte, como las calles o el cine, de la difícil educación sentimental de unos adolescentes en años más difíciles aún, que resumen una frase tan llamativa como esta: “Mi primer amor fue una máquina de coser marca Singer.”


Manuel Chaves Nogales.
Los secretos de la defensa de Madrid.
Edición aumentada y corregida.
Prólogo de Antonio Muñoz Molina.
Espuela de Plata. Sevilla, 2017.

“Este es un libro que quema entre las manos. Provoca en igual medida la admiración y el escalofrío. Está escrito en 1938, a una cierta distancia ya de los hechos que cuenta, pero tiene el temblor de urgencia de una crónica dictada a toda velocidad en el momento mismo en que las cosas suceden”, escribe Antonio Muñoz Molina en el prólogo “Manuel Chaves Nogales y la experiencia del derrumbe” que abre Los secretos de la defensa de Madrid, que publica Espuela de Plata en una espléndida edición con abundantes ilustraciones de Jesús Helguera.

Una edición que es el resultado definitivo de un complejo proceso de recuperación de esta serie que Chaves Nogales publicó en México en la revista Sucesos para todos entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938, y en el inglés Evening Standard un mes después con el título genérico de The Defence of Madrid.

Ambientada en noviembre de 1936, en el Madrid asediado y a punto de caer ante las tropas sublevadas, Chaves Nogales reconstruye el proceso defensivo de la capital dirigido por el general Miaja y el teniente coronel Rojo, su enfrentamiento con Franco y con Largo Caballero, la huida de los políticos republicanos, la resistencia de un ejército lamentable y el papel de las Brigadas Internacionales, el pánico de la población ante los bombardeos, los acechos de la quinta columna, las luchas intestinas entre anarquistas y comunistas. Ese era el desalentador telón de fondo de aquella “trinchera de un millón de seres inermes”al filo de una rendición que se daba por hecha.

“Chaves Nogales está en todo, lo ve todo – escribe Muñoz Molina al final del prólogo-. Hasta descubrir este libro yo estaba seguro de que los mejores testimonios sobre la defensa de Madrid eran los de Arturo Barea y Max Aub. Chaves está a la altura de cualquiera de los dos.”

En esta nueva edición aumentada y corregida se han añadido más ilustraciones y, como epílogo, dos artículos de Chaves Nogales publicados en marzo y abril de 1939: 'Los días de agonía del Doctor Negrín' y 'Cómo cayó Madrid: horas de angustia'.

Santos Domínguez

22/5/17

Feria del libro. Regalo



Federico García Lorca.
Poeta en Nueva York 
Nueve meses en Manhattan (1929-1930)
Ilustraciones de Fernando Vicente.
Introducción de Luis Alberto de Cuenca.
Edición de María Robledano y Jesús Egido.
Reino de Cordelia. Madrid, 2017.

Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es el subtítulo de la espectacular edición ilustrada de Poeta en Nueva York que publica Reino de Cordelia en su colección Los versos de Cordelia. 

Con espléndidas ilustraciones de Fernando Vicente, el volumen se abre con una introducción en la que Luis Alberto de Cuenca destaca que “Poeta en Nueva York es, tal vez, la obra más poderosa de la poesía española del siglo XX, la más comprometida con su tiempo, la más rica en metáforas y en matices estilísticos.”

Pero por una lamentable paradoja, Poeta en Nueva York es a la vez la obra mayor de García Lorca y el libro que tiene la historia textual más complicada de la literatura española contemporánea.

Escrito entre 1929 y 1930 durante el viaje de Lorca a Nueva York y Cuba, el poeta lo dio a conocer parcialmente en recitales y conferencias, se refirió a él en muchas entrevistas, lo corrigió insistentemente durante seis años, le cambió el título y pensó llamarlo –luego lo descartaría- Introducción a la muerte por sugerencia de Neruda, exageró sobre su tamaño y prometió trescientos poemas, desvinculó parte del material para integrarlo en otro proyecto que quería titular Tierra y luna, cambió la disposición de los textos, modificó el título de algunos poemas, dudó hasta última hora sobre su estructura y sobre los textos que incorporaría Poeta en Nueva York.

Aunque poco importa al lector que haya dos secciones más o menos, que los poemas figuren en una o en otra, o que no haya secciones. Lo fundamental es que algunos de los textos de Poeta en Nueva York –El rey de Harlem, Norma y paraíso de los negros, Paisaje de la multitud que vomita, Poema doble del lago Eden, New York (Oficina y denuncia), Luna y panorama de los insectos, Grito hacia Roma, Oda a Walt Whitman, Pequeño vals vienés o Son de negros en Cuba- forman parte imprescindible de la poesía universal del siglo XX.

Además de las ilustraciones, esta edición tiene la particularidad de que, junto con los poemas, reproduce, más como contrapunto que como notas aclaratorias, las cartas que Lorca enviaba a su familia. Lo explican así los editores, María Robledano y Jesús Egido en su texto ‘El otro Lorca’: 

“Sabemos con bastante aproximación qué hacía García Lorca mientras componía casi todos los versos de Poeta en Nueva York, momentos de su vida privada, generalmente bucólicos y frívolos, que poco tienen que ver con la rotunda intensidad del poemario, surgido de los rincones más oscuros y secretos del ánimo. El propósito de esta edición, Poeta en Nueva York.  Nueve meses en Manhattan (1929-1930) es mostrar esa doble realidad.” 

En las cartas a su familia, el poeta elude el reflejo de su problemática situación personal y sentimental, entre junio de 1929 y marzo de 1930. En ese contraste entre la alegría que quiere transmitir en las cartas y el tono trágico de los poemas inciden las ilustraciones de Fernando Vicente, que ha sabido captar el espíritu del libro, esa escisión trágica entre el poeta y sus máscaras, con el telón de fondo de la gran ciudad y sus claroscuros de color y blanco y negro, de civilización y muerte.




Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad.
Edición conmemorativa del cincuentenario.
Ilustraciones de Luisa Rivera
Literatura Random House. Madrid, 2017.

El 30 de mayo de 1967 salía de la imprenta el primer ejemplar de Cien años de soledad. ese milagro definitivo que apareció en 1967 en Sudamericana con la inolvidable portada del galeón español varado en medio de la selva.

Para celebrar el medio siglo de los Buendía y de Melquíades en el reino de Macondo, Literatura Random House publica una memorable edición conmemorativa con espléndidas ilustraciones de Luisa Rivera, que capta en ellas, con su aire naif, el espíritu del realismo mágico que atraviesa la novela.

Una nueva invitación a volver a esa novela total, a ese inabarcable territorio de la imaginación que llamamos Macondo, la ciudad de los espejos, a la felicidad de su valor poético y sus adjetivos fulgurantes, a sus inolvidables imágenes y sus personajes extremados y frágiles, al fervor por la palabra que explora el lado más luminoso de la realidad, a su tiempo circular de espejos y espejismos y a descifrar, como Aureliano Babilonia, los pergaminos en sánscrito en los que Melquiades profetizaba la destrucción de Macondo y el final de las siete generaciones de Buendías, “porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”


El fotógrafo Juan Rulfo.
Fundación Juan Rulfo. Editorial RM.
México-Barcelona, 2017.

Como otra aportación bibliográfica al centenario de Juan Rulfo, la Fundación Juan Rulfo y la Editorial RM publican un volumen espectacular que  incluye decenas de fotografías que Juan Rulfo -el mejor fotógrafo de América Latina, según Susan Sontag- hizo durante décadas y varios ensayos sobre este aspecto de la creación artística de Juan Rulfo.

El lector que observe estas fotografías recordará inevitablemente el mundo literario de  Pedro Páramo, de El Llano en llamas o de El gallo de oro, los tres títulos de su obra narrativa, en la que la mirada tiene una importancia fundamental.

Pero, como señala Jorge Zepeda en uno de los ensayos que acompañan este libro, hay que deslindar la faceta del Rulfo escritor y la del fotógrafo, porque su obra gráfica no es un simple complemento de su obra literaria.

La fotografía, a la que dedicó muchas horas, no fue en Rulfo una actividad artística secundaria ni un ejercicio subordinado a su literatura, como se puede ver en la parte central del libro, que contiene una gran cantidad de imágenes de muy distintas temáticas.

Hay paisajes ásperos y secarrales desiertos, ruinas y calles abandonadas, pero también escenas urbanas, arquitectura prehispanica y colonial, ferrocarriles, fotografías de rodajes de películas y de actores como Pedro Armendáriz o María Félix.

En los artículos que contiene el libro, además del deslinde ya aludido de Jorge Zepeda, Andrew Dempsey aborda el reflejo de la acción del tiempo en la naturaleza y estudia su vinculación con la pintura de Constable y con la obra del pintor mexicano José María Velasco.

Víctor Jiménez destaca las correspondencias entre las fotografías de Rulfo y las de Paul Strand y finalmente una cronología de Paulina Millán resume la trayectoria de Rulfo como fotógrafo.



Ella Berthoud, Susan Elderkin.
Manual de remedios literarios.
Traducción de Clara Ministral.
Siruela. Madrid, 2017.

“Nuestros medicamentos no son cosas que vayas a encontrar en la farmacia, sino en las librerías, las bibliotecas o descargándotelas con tu lector de libros electrónicos. Somos biblioterapeutas y las herramientas de nuestro oficio son los libros. Nuestra botica contiene bálsamos beckettianos, torniquetes tolstoianos, los calmantes de Calvino y las purgas de Proust y Perec. Para crearla, hemos recorrido dos mil años de literatura en busca de las mentes más brillantes y las lecturas más reconstituyentes, desde Apuleyo y El asno de oro, del siglo II, hasta los tónicos contemporáneos de Jonathan Franzen y Haruki Murakami”, escriben Ella Berthoud y Susan Elderkin en la introducción del magnífico Manual de remedios literarios que publica Siruela con traducción de Clara Ministral.

Subtitulado Cómo curarnos con libros, es un divertido tratado de biblioterapia, un manual de medicina atípico que contiene múltiples prescripciones de novelas para el alivio o la curación de distintas dolencias físicas y emocionales: Yo, Claudio para tratar la soledad; Las olas de Virginia Woolf y El corazón es un cazador solitario para bajar la tensión; La insoportable levedad del ser para la depresión; Anna Karenina para el dolor de muelas; Aquí nos vemos para sobrellevar el luto; Sostiene Pereira para la obesidad; La subasta del lote 49 para la paranoia o el Libro del desasosiego para el insomnio.

Son algunos ejemplos de un nutrido repertorio de novelas que se recomiendan por su función terapéutica ante diversos males. Y además, diversas listas: las 10 mejores novelas para quedarse en la cama; otras 10 para curar la xenofobia; las 10 más recomendables para leer en el hospital

Construido a base de entradas ordenadas alfabéticamente de la A a la Z y rematado  con dos índices, uno de entradas y otro de obras citadas, este Manual de remedios literarios es también un peculiar e ingenioso tratado de literatura enfocado desde una perspectiva inusual, pero inteligente y muy interesante.

“Sea cual sea tu dolencia – escriben las autoras-, nuestras recetas son muy sencillas: una novela (o dos) que deberás leer a intervalos regulares. Algunos tratamientos te curarán por completo. Otros simplemente te ofrecerán consuelo, mostrándote que no estás solo. Todos ellos calmarán temporalmente tus síntomas, debido al poder de la literatura para distraernos y transportarnos. A veces es mejor administrar el remedio en forma de audiolibro, o leído en voz alta con un amigo. Como con cualquier medicamento, para obtener los mejores resultados es recomendable seguir el tratamiento hasta el final.”



Antoni Guiral.
Con la colaboración de Lluís Giralt.
100 años de TBO.
Ediciones B. Barcelona, 2017.

La revista que dio nombre a los tebeos es el subtítulo de un espléndido volumen que resume la historia del TBO, cuyo primer número aparecía en marzo de 1917.

Para conmemorar el centenario del TBO, la revista infantil semanal que acabaría designando genéricamente en español las historietas gráficas, los tebeos, Ediciones B publica un volumen espléndidamente editado, que ofrece un recorrido por sus series más representativas, por su evolución histórica y por los dibujantes y guionistas que mantuvieron esta publicación durante décadas. 100 años de TBO es el título de este volumen que, con la colaboración de Lluís Giralt, ha realizado Antoni Guiral.

Su nombre era, como explicaba su exdirector Alberto Viña, “una ingeniosidad que consigue con sólo tres letras hacer una frase festiva -te veo-  con falta de ortografía incluida para lograr el efecto deseado.”

El volumen se organiza en dos partes: una primera dedicada a su evolución histórica en cinco capítulos que abordan su evolución a lo largo de cinco etapas en las que aparecieron y se desarrollaron series que acabarían constituyendo las señas de identidad de la revista: La familia Ulises, Los grandes inventos de TBO, El profesor Franz de Copenhague, Josechu el Vasco, Eustaquio Morcillón y Babali, Melitón Pérez o Altamiro de la Cueva.

La segunda parte está dedicada a resumir la trayectoria de treinta de sus creadores más significativos: dibujantes y guionistas como Coll, Sabatés, Urda, Benejam, Jofré, Opisso, Massana, Bernet Toledano o Muntañola.

Tan generosamente ilustrado que puede entenderse también como una antología del TBO, ofrece una recopilación muy completa de una publicación emblemática en el panorama de la historieta en España entre 1917 y 1998.



Nikolái Gógol.
Las almas muertas.
Ilustraciones de Alberto Gamón.
Traducción de Marta Rebón.
Notas de Ferran Mateo.
Nórdica. Madrid, 2017.

Para celebrar los 100 números de su colección Ilustrados, Nórdica publica una estupenda edición conmemorativa de Las almas muertas, una novela que cumple este año 175 años.

Esa novela seminal, que Gógol subtituló Poema, apareció en 1842 para inaugurar la modernidad literaria en Rusia con una nueva mirada a los personajes y una manera innovadora de enfocar la realidad.

Con esas novedades en las descripciones de paisajes o en la caracterizació de los personajes, Las almas muertas se convierte en la primera gran novela rusa del siglo XIX, un siglo prolífico en grandes novelas de Dostoievski o Tolstói.

Protagonizada por el opaco Pável Chíchikov, un terrateniente venido a menos que se dedica a comprar fantasmas, centenares de almas muertas: los nombres de los siervos desaparecidos desde el último censo para obtener a cambio una serie de beneficios en el tiempo que transcurra hasta la actualización del registro.

Nabokov la entendió en su Curso de literatura rusa como el reflejo de las pesadillas de Gógol más que como un testimonio de aquella Rusia zarista de siervos y miseria, aunque reconoce que en aquella época “una amplia mayoría de la nación rusa vivía a la intemperie, bajo un velo de lenta nieve, al otro lado de los ambarinos ventanales.” Rusia era entonces –añadía Nabokov- “un país famoso por sus desdichas, famoso por la miseria de sus innumerables vidas humildes.”

Y en ese contexto inevitablemente hay que situar esta novela, poblada por un enjambre de personajes que a veces no son más que caricaturas grotescas, pero otras son creaciones inolvidables, el brillante resultado de caracterizaciones individuales y de unos diálogos ágiles que perfilan las figuras de los terratenientes Nozdriov, excéntrico y juerguista; Sobakévic, voluminoso, lírico y glotón; el avaro Pliushkin y Manílov el sentimental; la del cochero Selifán, mentiroso compulsivo y borracho, o la de la señora Koróbochka, codiciosa viuda de un terrateniente.

Todo ese despliegue narrativo nos llega ahora refrescado y actualizado en esta nueva traducción de Marta Rebón e iluminado por las abundantes ilustraciones de Alberto Gamón, tan espléndidas como la de la portada, y por las oportunas notas de Ferran Mateo.

Escrita con distancia, desde fuera de Rusia, con ironía crítica y con la tendencia a lo grotesco que aparece también en los relatos de Gógol, Las almas muertas es, además de un monumento narrativo, un fresco imborrable de aquella Rusia zarista, llena de nieve y de pobreza, que está en el fondo de toda la gran novela rusa del XIX.

Pero es también que, por encima de esas circunstancias espaciales y temporales, históricas o sociales, sigue hablando de la condición humana.

Por algo es un clásico.

Santos Domínguez